Biodiversidad del Berrocal Trujillano
Fauna y Flora del Berrocal Trujillano.
miércoles, 16 de junio de 2010
sábado, 16 de enero de 2010
LAS PLANTAS DEL BERROCAL TRUJILLANO.
UN “AMPLIO-RESUMEN” DE LAS PLANTAS DEL BERROCAL TRUJILLANO.
Llevo algunos años obervando la flora y vegetación del berrocal trujillano. En este texto intentaré enumerar las especies más típicas, siempre desde mi modesto conocimiento autodidacta, ayudado por mis libros y la red para identificar algunas de las especies y otras que no pude llegar más que a la familia y género. No prometo demasiado, pero sí un vistoso paseo por entre canchos y plantas. Venga! Os invito a ello...
El berrocal, o batolito de granitos, trujillano asoma en el Este de la penillanura trujillano-cacereña.
Los granitos son rocas que se modelaron en los plegamientos de la segunda mitad del Paleozoico, resistiendo a todo cambio hasta nuestros días y produciendo por erosión suelos rankeriformes, sobre los que se instala una vegetación pobre (Duran & Rodríguez).
Las precipitaciones en la penillanura trujillana oscilan entre los 600-800 mm/año (Duran & Rodríguez). Las lluvias suelen caer en otoño, aunque cada vez son menos lluviosos, invierno y primavera, siendo muy escasas en verano.
Atendiendo a las Series de Vegetación de Extremadura establecidas por Pérez-Chiscano, Ladero y Amor, la vegetación típica en el berrocal trujillano pertenece a la serie climatófila “Encinares” (Duran & Rodríguez), en donde la especie dominante, por supuesto, es la encina (Quercus ilex ballota) que suele ir acompañada de piruétanos, majuelos, rosales silvestres ...
Este bosque de encinas, en origen “monte pardo” superpoblado de matas de encina de todos los tamaños hasta hacerse impenetrable, fue aclarándose en “monte hueco” o adehesándose. Al principio en los alrededores de las poblaciones, para luego ir extendiéndose poco a poco, o poco a mucho, al resto del territorio, dependiendo de los efectivos humanos y herramientas de cada época.
Con este aclareo se consiguen terrenos abiertos para dedicarlos a la agricultura y la ganadería. Más alimentos disponibles y, en consecuencia, aumento de población.
Al ahuecar el encinar y convertirlo en dehesa, pastoreada y cultivada, y disponer así, entre otros elementos, de sol y nutrientes suficientes, aumenta enormemente la diversidad vegetal y animal, convirtiéndose las dehesas en ecosistemas de gran biodiversidad natural.
Perdemos biodiversidad al degradarse la dehesa. Desaparece el arbolado y va sustituyéndolo el matorral: retamas, aulagas, escobas, cantuesos,... en algunos casos únicamente pastizal o tierras de labor de cereal.
Hasta hace pocos años, el berrocal trujillano se había convertido en un monte pardo en los últimos estadios de su degradación, es decir, en un monte de pastizal desarbolado. De nuevo y ante el descenso de la presión ganadera y agrícola, comienzan a verse bosquetes de encinas y matorral en las machorras. Esgrimiendo una antorcha de optimismo, digamos que actualmente el berrocal se encuentra en los inicios de gradación hacia su vegetación clímax, adonde debería llegar...
Si nos ceñimos al berrocal nos va a ser difícil encontrar encinas adehesadas debido a las aglomeraciones de canchos “machorras” y al escaso suelo disponible. Aún así, se las apañan para nacer aglutinadas entre rocas, hundiendo sus raíces hasta lo más duro, librándose de sequías, insolaciones, vientos y heladas.
Hay algunos alcornoques (Quercus suber) en la zona Este y Sureste del berrocal “La Molineta” y alrededores, no son muchos, pero diversifican y alegran la vista.
Siguiendo con los acompañantes del encinar encontramos piruétanos (Pyrus bourgaeana) diseminados y/o en ocasiones formando pequeños bosquetes. También majuelos (Crataegus monogyna), rosales silvestres (Rosa sp.), zarzas (Rubus ulmifolius) las que quieras,...
Conectando con el matorral: retamas (Retama sphaerocarpa) no hay tantas como escobas y de éstas, de las que más las de flor blanca (Cytisus multiflorus), aunque aparezcan también las de flor amarilla (C. scoparius). Las jaras no son abundantes y de encontrar en algún rincón el jaguarzo morisco (Cistus salviifolius). Ahulagas (Genista hirsuta) en algunas zonas.
Cantuesos (Lavandula stoechas), tomillos (Thymus sp.), torvisco (Daphne gnidium), esparragueras (Asparagus sp.), rusco (Ruscus aculeatus) en las zonas frescas,...
Queda reflejar la vegetación a ras de suelo: bianuales, anuales, bulbos, herbáceas,...
Sin seguir orden alguno, intentaré recordar unas cuantas especies frecuentes en el berrocal: la biloria (nombre local) o dedalera (Digitalis thapsi) es muy abundante; las clavellinas (Dianthus lusitanus) floreciendo en pleno verano, agarradas a las grietas de los canchos; el beleño blanco (Hyosciamus albus), la boca de dragón (Antirrhinum graniticum), la acedera (Rumex induratus), éstas se acoplan incluso por los muros en la muralla, el castillo y se adentran en la población en paredes de conventos, iglesias, …
Acónito (Aconitum napellus vulgare) en la zona noroeste de las machorras; gordolobo (Verbascum pulverulentum); varas de gamonitos (Asphodellus albus), florecidas en primavera y secas en invierno para poner el palo de las zambombas; parecidas son las varas de ceborrancha (Urginea marima) que nacen sin hojas al final del verano o con las primeras lluvias de otoño. Con estas primeras aguas salen también las merenderas (Merendera montana), las campanitas de otoño (Leucojum autumnale), las scillas (Scilla autumnalis), los candiles (Arisarum vulgare).
Y siguen apareciendo las flores de los bulbos con las lluvias del invierno y primavera: narcisos (Narcissus bulbocodium, N. conspicuus y N. pallidulus), la flor del pimpirigallo (Romulea bulbocodium), patitas de burro (Gynandriris sisyrinchium) lirios pequeños de floración efímera, leche de pájaro (Ornithogalum umbellatum), nazarenos (Muscari comosum), jacintos (Hyacinthoides hispanica), gladiolos (Gladiolus segetum), alguna orquídea como la Orchis champagneuxii o la Serapias lingua,...
Las herbáceas rellenan y ocupan todo el suelo posible: amapolas (Papaver rhoeas, P. sp.), fumaria (Fumaria officinalis), arvejones o arvejacas (Vicia sp.), silenes (Silene ¿?), altramuz (Lupinus angustifolus), garbanzos locos (Astragalus lusitanicus), zanahoria silvestre (Daucus carota), hipérico (Hipericum perforatum), viborera (Echium plantagineum), borraja (Borago officinalis), gramíneas, tréboles, cardos y demás compuestas, zurrón del pastor, pan y quesitos (Brassica sp.),
En zonas antrópicamente alteradas malva (Malva sp.), ortigas (Urtica sp.), pepinillo del diablo (Ecballium elaterium), andagallos (Anagallis arvensis), pensamiento silvestre (Viola arvensis), correhuela (Convulvulus arvensis)...
Imposible recordar y citarlas a todas en un “amplio resumen”, casi lo mejor es asomarse a este pedazo de granito y observarlas sobre el terreno...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)